Empieza un nuevo curso político y arranca con incertidumbre. ¿Habrá nuevo gobierno a mediados de septiembre o iremos a unos nuevos comicios el 10 de noviembre?

    El 24 de julio Carmen Calvo y Pablo Echenique no pudieron, o tal vez no quisieron, llegar a ningún acuerdo; y a día de hoy nadie del ejecutivo en funciones ni del Partido Socialista parece sugerir otro escenario que la vuelta a las urnas. Así son las apariencias, si no la realidad misma, tras el plantón veraniego de Sánchez a Podemos. Desde la formación morada insisten en formar un gobierno de coalición sin apenas inmutarse sobre el hecho de que tal coalición no podría llegar a gobernar si no es con el apoyo de los separatistas. Qué duda cabe que ese gobierno sería el más deseado por estos últimos, pues no hay razón para disimular. Este gobierno para el separatismo sería el mal menor o el bien mayor (sólo superado por la república que llegaría a su debido tiempo).  

    Parece que el Doctor Sánchez tuviera intención de privarnos de otro enriquecedor debate de investidura en este mes de septiembre prefiriendo ir a la convocatoria de noviembre (donde, a todas luces demoscópicas y en taquígrafos tezanizantes, sacaría mejores notas). Al menos así lo disponen las encuestas: buen augurio para el PSOE; y para el Doctor lo primero es lo primero y lo primero es su partido, y lo segundo también; o tal vez sea más exacto decir que lo primero es Sánchez y lo segundo también, como así reza su mantra: «Yo soy el presidente del gobierno, yo soy el presidente del gobierno…».

    En Ferraz tienen puesta la mirada (y las esperanzas) en las agujas del llamado reloj de la democracia, ansiosos por que llegue el lunes 23 de septiembre y se disuelvan las cortes de forma automática y vuelta a empezar con la campaña electoral: más demagogia, más democracia, más circo, más crisis, menos pan. Si es así, ¿qué habría pasado entre el 28 de abril y el 10 de noviembre? ¿No suena todo esto a una estafa a la ciudadanía española? Estafa porque, más allá de la tomadura de pelo y tiempo que supone este trance, de repetirse las elecciones estaríamos hablando de un despilfarro de 180 millones de euros. Pero como el dinero público no es de nadie…

    Ahora Sánchez propone, según ha declarado en una entrevista en El País, una «tercera vía» (curiosa denominación, pues Benito Mussolini usó esa expresión para definir al fascismo contra el liberalismo y el comunismo). Y ésta consiste en «un gobierno progresista con un programa común progresista, que puede perfectamente cooperar con distintas opciones al gobierno de coalición que plantea Unidas Podemos durante los próximos cuatro años».

    El Doctor, lanzando un quiasmo, le reprocha a la formación liderada por otro doctor, Iglesias Turrión, que su concepto de coalición sea más «una coalición de gobiernos que un Gobierno de coalición». Al Doctor no le cabe duda de que si vamos a nuevas elecciones el electorado progresista de «este país» apostará «con mayor contundencia por el PSOE». Lo cual es una advertencia a Unidas Podemos. Al mismo tiempo Sánchez pide la abstención de Ciudadanos y Partido Popular para que «faciliten la formación de un Gobierno que han votado los españoles».

    Según la encuesta de SocioMétrica para el diario digital El Español, PSOE y Unidas Podemos obtendrían la mayoría absoluta en caso de que se reabriesen las urnas el 10 de noviembre. El partido del puño y la rosa y del candidato de dudoso doctorado pasaría de 123 a 139 escaños. Luego a nadie más que al presunto doctor le interesa la repetición de comicios. Podemos pasaría de 42 a 37 escaños. No es de extrañar que al Doctor no le quepa duda de que en unas nuevas elecciones el bloque progresista se impondrá con una victoria aún más contundente. No obstante, Sánchez anuncia un paquete de 300 medidas progresistas; lo cual podría interpretarse como un ultimátum a Unidas Podemos; o más bien un último gesto de generosidad propio de un magnánimo como es él, tanto hacia los morados como a Partido Popular y C’s.

    Por el otro bloque, el PP obtendría 76 escaños (10 más de los que tiene), lo que haría duplicar sus escaños respecto a los de Ciudadanos, que pasaría de 57 a 38. Vox más o menos se mantendría y baja de 24 a 22 escaños. Pero todo esto no es más que la cábala metroscópica de un determinado medio de comunicación.

    El escenario podría complicarse ante la posible irrupción de la extrema socialdemocracia conformada por el dúo Errejón-Carmena si decidieran, consumando su traición a Turrión, presentarse con una nueva marca (¿Más Podemos?, ¿Más España?, ¿Más Cataluña?, ¿Más Euskal-Herria?, ¿Más Plurinacionalidad?, ¿Más Federalismo?, ¿Más Madera?) a los supuestos comicios del 10 de noviembre. Eso sería la tumba del podemismo, cuya muerte sólo sería cuestión de tiempo: «tic tac, tic tac…». En tal caso, lo único que habría que lamentar es la crecida de un PSOE cada vez más podemizado (aunque el podemismo avant la lettre ya estaba en el zapaterismo; no hay nada nuevo bajo la piel del toro).  

    Como dice Pablo Casado, lo que le ha valido para los ayuntamientos no le vale a Sánchez a nivel nacional. Será porque la reapertura de las urnas incrementa el número de escaños del partido del Doctor, y -junto a los escaños de Unidas Podemos, si es que a esta coalición no le crecen los enanos- le darían la mayoría absoluta para formar un gobierno con estabilidad sin depender de los votos de los «partidos» secesionistas.

    A su vez Casado, con la mirada puesta en el 10 de noviembre, ha insistido durante el mes de agosto en la unión de los partidos de centro derecha para afrontar la ceremonia electoral con posibilidades reales de superar al bloque de las sedicentes izquierdas (que sería apoyado por los sediciosos). Dicha coalición sería denominada «España Suma»; la cual -como ha sostenido Casado con retórica psicologista orteguiana– sería capaz de «hilvanar un proyecto sugestivo de vida en común». El líder popular asegura que hay que llevar a cabo semejante asociación electoral porque, en caso contrario, «los españoles no entenderían que no lo hiciéramos»; porque «donde el PP ha sumado, España ha sumado». Pero ni Ciudadanos ni Vox parecen estar por la labor, y de momento no es no.

    Son ya varias voces las que advierten que los tres partidos del centro derecha estarían condenados a fracasar si no hay un acuerdo que formase España Suma. Estas voces al menos exigen que los tres partidos lleguen a un acuerdo en el Senado y en las circunscripciones pequeñas. Pero los susodichos están tan enfrentados entre sí como enfrentados al PSOE, a Unidas Podemos y a los separatistas.

    Daniel López. Doctor en Filosofía.