La barrera invisible

20/09/2026

El folleto «¡Bienvenidos al catalán!», editado por Plataforma per la Llengua y dirigido a la comunidad hispanoamericana en Baleares, se presenta bajo una pátina de integración. Sin embargo, su lectura revela una maquinaria diseñada para imponer una lengua regional sobre ciudadanos hispanohablantes, socavando los vínculos que los unen al conjunto de España.

La intención ideológica queda expuesta en el prólogo de Aligi Molina. Al referirse a las inmigraciones hispanoamericanas como consecuencia de una «deuda histórica» del Norte global, fomenta veladamente la Leyenda Negra, presentando el legado español exclusivamente desde la opresión. Este discurso persigue desconectar al inmigrante de su herencia compartida. Para lograrlo, Molina insta a los recién llegados a asimilar «la lengua de acogida de este país», denominando «país» a las islas y omitiendo que el hispanohablante ya reside en España, cuya lengua oficial domina. Además, plantea el aprendizaje del catalán como un «antídoto contra la xenofobia», una afirmación coercitiva que insinúa que el ciudadano será marginado si decide expresarse en español.

Para legitimar esta desconexión, el folleto cita a Juan Bautista Picornell, ilustrado mallorquín que en el siglo XVIII exportó a América ideales revolucionarios para fragmentar el Imperio español. Existe un profundo paralelismo: mientras Picornell viajó a América para enseñar a los criollos a emanciparse de la corona mediante la insurrección, hoy figuras como Molina realizan el viaje inverso. Desde el poscolonialismo, instan a los hispanoamericanos a emanciparse identitariamente de la nación española utilizando el idioma regional como nueva frontera. Ambos instrumentalizan la pedagogía transatlántica para desarticular la idea de España.

Más allá del revisionismo, el folleto desnuda una discriminación estructural: el catalán se exige como requisito excluyente para trabajar en las administraciones o abrir negocios. Lo que se disfraza de «oportunidad» es, en la práctica, un muro laboral. Esta asimetría, que vetaría a un cirujano andaluz mientras permite a un balear ejercer libremente en toda España, es tan insostenible que el propio Gobierno autonómico tuvo que relajar la norma sanitaria ante la alarmante fuga de talento médico.

En conclusión, la verdadera integración no exige renunciar a la lengua materna, especialmente si es el español, patrimonio común de millones de personas. Estas políticas revelan que el objetivo último no es la convivencia armónica, sino el intento deliberado de disolución de la nación española a través del mito de la cultura y la «lengua propia». Al sacralizar el idioma regional como frontera identitaria excluyente, el nacionalismo catalán busca fragmentar la soberanía nacional y destruir la igualdad de derechos, utilizando la lengua no como un puente de entendimiento, sino como una herramienta de secesión emocional y política.

Francisco Dalmau

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