El origen valenciano de los castellers en clave política
08/09/2026
Ríos de tinta han corrido sobre el origen valenciano de los famosos castellers catalanes. Una buena trifulca con trasfondo catalanista en X (antes tuiter) no lo es tal, si alguien no utiliza este argumento a modo de chicuelina para cerrar su salida del envite con aplauso general.
Mucho sorprende que el catalanismo cultural, que nos tiene acostumbrados a reivindicaciones delirantes sobre la catalanidad de Miguel de Cervantes, Colón o la paella, haya dado por perdida esta batalla. Es más, son fuentes catalanas las que más defienden esta teoría.
Es la llamada muixeranga del municipio valenciano de Algemesí el que ostenta el honor de ser origen de los castellers. Yo, como valenciano y algemesinense, no seré quien no saque pecho de mi patria chica por este motivo. Su belleza y su pervivencia a través de los siglos la hacen merecedora de todo reconocimiento.
Pero cuando se mezclan, y aquí lo hacen, cuestiones de índole política con cuestiones de índole cultural, no puedo dejar de acordarme de Felipe II ante la tesitura de mantener la corte en Madrid o trasladarla a Lisboa. Son muchos los historiadores que argumentan que esa pequeña concesión hubiese favorecido el mantenimiento de la unión entre España y Portugal.
Algo de verdad puede haber, cuando los nacionalistas del PNV optaron por situar la capital del nuevo País Vasco en Vitoria y no en Bilbao. Echando la vista atrás, en Álava se ha pasado de defender una cultura diferenciada de las otras provincias vascas con un apoyo de casi el 20% al 30% obtenido por los filoetarras de Bildu en las últimas elecciones.
Quizás los catalanistas de la transición pensaron que poner la capital de los castellers en valencia no era alto precio para sus objetivos.
Elucubraciones aparte, podríamos decir que la muixeranga, desgraciadamente, forma parte de lo que llamamos hoy batalla cultural. Lo podemos llamar “batalla” porque hay contendientes, hay respuesta y hay resistencia. En su día, sin nada de lo anterior, se llamaba en ambientes catalanistas “hacer país”.
Este “hacer país” incluye el uso de la muixeranga como símbolo cultural reconocible y circunscrito en un territorio, delimitándolo estética y culturalmente. Y, por otro, la transformación de su música en himno de un ensoñado País Valenciano.
La muixeranga es un baile tradicional donde personas subidas unas encima de otras o bien forman torres, o bien forman figuras que intentan representar escenas. Es de este segundo tipo la fácilmente reconocible llamada El entierro.
Se sabe que en la antigüedad debió ser bastante habitual encontrarla en procesiones, sobre todo en las relacionadas con el Corpus. Solían encabezarlas y por algún motivo, debieron los valencianos estar muy especializados en ello. Aparecen datadas en muchos lugares de España, desde Sevilla (1674) a Bilbao (1687), pasando por Madrid (1658). Esta última debió tener cierta importancia, ya que se sabe que se llevaba a cabo por gentes de allí y tenemos una representación gráfica de la misma en el siglo XVII.
Pero son finalmente los libros de cuentas, los que nos certifican su existencia. En ellos se da cuenta del coste de contratar a los encargados de realizarlos y nos da una idea de su importancia en comparación con el resto. Es el registro de estas cuentas y su pervivencia en Algemesí lo que le ha otorgado el honor de ser el origen de los castellers catalanes.
No es la única pervivencia de este baile. Aparecen también en Peñíscola, en la provincia de Castellón, y en pequeños municipios como Galve de Sorbe en Guadalajara o Tauste en Zaragoza. Muixerangas, algo diferenciadas, pero fácilmente identificables. Todas ellas poco estudiadas y solo referenciadas en algunos de los libros sobre esta cuestión.
Y aunque el tema es apasionante, les tengo que dejar aquí. Ya suenan las dulzainas que anuncian a la muixeranga y el inicio de la procesión. Quién sabe si algún día Madrid recuperará la suya.
Borja Revilla




