Corrupción homeopática

23/06/2026

Desde Moncloa-Ferraz se están administrando las consecuencias de toda su corrupción de forma homeopática, es decir, en pequeñas dosis, con la esperanza de que el tratamiento cure la enfermedad, que desde sus entendederas no es en sí misma la corrupción, sino el descrédito de «su persona», del «puto amo» (Óscar Puente, dixit).

Alrededor de 15 causas judiciales y decenas de imputados inundan los medios de comunicación y, a estas alturas, resulta muy complicado estar al día de todas y cada una de ellas, salvo que nos dediquemos al asunto a jornada completa.Al aroma hediondo que desprendía la corrupción no delictiva de Moncloa-Ferraz (pactos con prófugos de la justicia, «cambios de opinión», uso espurio de las instituciones…) hay que sumarle la pestilencia de toda la corrupción delictiva que estamos viendo.

Al aroma hediondo que desprendía la corrupción no delictiva de Moncloa-Ferraz (pactos con prófugos de la justicia, «cambios de opinión», uso espurio de las instituciones…) hay que sumarle la pestilencia de toda la corrupción delictiva que estamos viendo.

Encapsular la corrupción, como se repite desde Moncloa-Ferraz, no es otra cosa que diluir el veneno en grandes dosis de cuento y demagogia, haciendo ver que cantidades infinitesimales de «determinación» y «contundencia» pueden terminar con una sepsis que no tiene tratamiento.

El falso efecto placebo del remedio homeopático resulta evidente cuando, por sobreabundancia, es imposible parar el torrente de noticias sobre la corrupción de Moncloa-Ferraz y los argumentarios defensivos se tornan en consignas sectarias que ya no se molestan ni en cambiar, para que no se note que está teledirigido. El «todos a una» se ha convertido en marca de la casa y ahí surge esplendorosa la última estrategia de comunicación del equipo de agitprop: estamos unidos, tanto, que no nos preocupamos ni en cambiar una coma, que se vea y se note que somos un equipo.

¿Unidos contra qué o contra quién? Aquí cuando llegamos al delirium tremens: contra el fascismo y la ultraderecha que van a recortar derechos. Que el Gobierno del que fue parte esencial el tipo que ha recibido la condena más alta por corrupción de la historia, precisamente por ser ministro de ese Gobierno, haga rodar la matraca del enemigo imaginario es tragicómico.

Cierto es que proclamar que asistimos a los estertores del sanchismo puede considerarse deporte de riesgo, dado que la resistencia de Sánchez y, sobre todo, su falta de escrúpulos, parecen inagotables; pero lo que queda fuera de toda duda es su deterioro moral y político. Los cálculos que pueda estar haciendo son materia incognoscible para el resto de mortales, aunque de lo que no cabe duda es que logrará ese objetivo que tanto le preocupaba, pasar a la historia. Obviamente por motivos distintos a los que él imaginaba: ser el responsable (por acción u omisión) del mayor escándalo de corrupción organizada. Faltan sentencias: seguro que seguirá haciendo méritos para convertirse en histórico.

Sharon Calderón-Gordo

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