Ortega y Gasset en el pensamiento joseantoniano

21/06/2026

Pocas influencias intelectuales resultan tan decisivas para comprender el pensamiento político de José Antonio Primo de Rivera como la de Ortega y Gasset. Aunque el fundador de Falange elaboró un corpus doctrinal propio y acabó separándose de muchas de las conclusiones políticas del filósofo madrileño, buena parte de sus categorías de análisis, de su concepción de España y de su manera de entender la política se encuentran profundamente marcadas por la obra orteguiana.

No es casualidad. José Antonio pertenece a una generación que creció intelectualmente bajo la enorme influencia de Ortega. En la España de las primeras décadas del siglo XX, el autor de España invertebrada y de La rebelión de las masas se había convertido en la gran referencia del pensamiento nacional. Su diagnóstico sobre la decadencia española y la necesidad de reconstruir un proyecto colectivo dejó una profunda huella en numerosos intelectuales de la época, entre ellos el joven abogado madrileño.

Quizá la influencia más evidente se encuentra en la idea de España como un proyecto histórico de convivencia. Ortega definía la nación como un “proyecto sugestivo de vida en común”, una empresa colectiva que trasciende los intereses particulares y que dota de sentido a la comunidad política. José Antonio hará suya, en gran medida, esta concepción. Cuando habla de España como una “unidad de destino en lo universal” está formulando, con un lenguaje distinto y con una dimensión más espiritual y trascendente, una idea muy cercana a la orteguiana. La nación no es una mera realidad administrativa ni una agregación de territorios. Es una empresa común sostenida por la voluntad de permanecer unidos.

La segunda gran influencia aparece en el diagnóstico sobre la crisis de España. En España invertebrada, Ortega sostiene que las naciones entran en decadencia cuando desaparece el proyecto común y cada grupo social o territorial comienza a perseguir exclusivamente sus propios intereses. La desintegración nacional surge cuando las partes dejan de sentirse miembros de un todo superior.

Esta idea reaparece constantemente en el pensamiento joseantoniano. La crítica al separatismo, al regionalismo excluyente, al particularismo y a la fragmentación política responde, en gran medida, a ese mismo esquema interpretativo. José Antonio comparte con Ortega la preocupación por la pérdida de cohesión nacional y por la incapacidad de las élites políticas de ofrecer un proyecto integrador para todos los españoles.

La tercera gran influencia se encuentra en la teoría de las minorías dirigentes. Ortega consideraba que toda sociedad necesita minorías ejemplares capaces de asumir responsabilidades y de orientar la vida colectiva. La decadencia comienza cuando esas minorías abdican de su misión y son sustituidas por élites mediocres o por la pura dinámica de las masas.

En José Antonio esta idea adquiere una dimensión política mucho más intensa. Su insistencia en la necesidad de una clase dirigente al servicio de la nación, su crítica a la partitocracia y su rechazo de la política reducida a la mera gestión de intereses electorales proceden en buena medida de la reflexión orteguiana sobre las élites y la vertebración de la sociedad.

También existe una notable influencia de Ortega en la concepción de la política como empresa de construcción nacional. Ambos autores comparten la idea de que las naciones no sobreviven por inercia. Requieren voluntad, instituciones, un proyecto compartido y una permanente tarea de integración.

Sin embargo, junto a estas evidentes coincidencias aparecen también profundas divergencias.

Ortega fue siempre un liberal. Creía en la limitación del poder, en el pluralismo y en la convivencia de diversas sensibilidades políticas dentro de un marco común. Su preocupación fundamental era la vertebración de España y la elevación del nivel cívico de los ciudadanos.

José Antonio, por el contrario, evolucionó hacia una concepción más orgánica y más exigente de la comunidad política. Allí donde Ortega formulaba un diagnóstico filosófico, José Antonio pretendió construir una respuesta política concreta. El primero aspiraba a reformar el sistema liberal español; el segundo consideró que aquel sistema había agotado sus posibilidades históricas y que era necesario sustituirlo por un nuevo modelo político.

Por ello puede afirmarse que el pensamiento joseantoniano constituye, en cierto modo, una radicalización de algunas de las intuiciones de Ortega. Toma de él el análisis de la crisis nacional, la idea de proyecto colectivo, la preocupación por la desvertebración de España y la importancia de las minorías dirigentes, pero las inserta en una propuesta política propia y en una concepción más intensa de la nación y del Estado.

Comprender a José Antonio exige, por tanto, leer previamente a Ortega. Muchas de las claves del fundador de Falange se encuentran ya esbozadas en las páginas de España invertebrada y de La rebelión de las masas. Sin la influencia del filósofo madrileño resulta difícil entender el origen intelectual de buena parte del pensamiento político joseantoniano.

En el fondo, ambos compartieron una misma preocupación. La necesidad de devolver a España un proyecto nacional capaz de superar la fragmentación, recuperar la conciencia de un destino común y restablecer la cohesión de una comunidad histórica que ambos consideraban amenazada.

Juan Sergio Redondo Pacheco

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