21 de julio de 1921; El valor inmortal de los defensores de Igueriben

21/07/2026

Hoy, 21 de julio, recordamos con respeto y profunda admiración uno de los episodios más sobrecogedores y heroicos de nuestra historia militar, la defensa de la posición de Igueriben en 1921, durante la campaña del Rif. Un puñado de hombres, cercados y ampliamente superados en número, resistió hasta el límite de sus fuerzas por el cumplimiento del deber, la lealtad a sus compañeros y el honor de España.


Aquel día, una columna de 3.000 hombres trató sin éxito de socorrer la posición. La ayuda quedó a escasos kilómetros, detenida bajo el fuego enemigo, sufriendo 152 bajas en apenas dos horas. Mientras tanto, dentro del reducto cercado, los últimos defensores repartían sus últimos veinte cartuchos por cabeza, inutilizaban el material artillero y prendían fuego a las tiendas. A las cuatro de la tarde se dio la orden de salir, la última carga, conscientes de que probablemente sería también la última acción de sus vidas. Así fue. Fueron masacrados a las mismas puertas de la posición.


Solo sobrevivieron el teniente Luis Casado y Escudero, gravemente herido, y once soldados. Cuatro de ellos fallecieron poco después a consecuencia de la deshidratación extrema. El resto, incluido el teniente Casado, permaneció un año y medio en cautiverio. Por su extraordinario valor, el comandante Julio Benítez Benítez y el capitán Federico de la Paz Orduña recibieron, a título póstumo, la Cruz Laureada de San Fernando, la más alta condecoración militar del Ejército español.

Los de Igueriben mueren, de Muñoz Degrain (1924)

Hoy, más de un siglo después, su ejemplo sigue interpelándonos. Nos habla de un sentido del deber que no se rinde ante la adversidad, de una dignidad que no se doblega ni siquiera ante la muerte. Los soldados de Igueriben no combatieron únicamente por una posición o por cumplir una orden. Combatieron por un ideal, por sus compañeros y por todo lo que significa ser soldado. Su resistencia no fue solo táctica, sino también moral. Es precisamente esa fortaleza moral la que debe seguir inspirando a nuestras Fuerzas Armadas y a la sociedad a la que sirven y defienden.

Cuando la comodidad de lo cotidiano y el olvido sepultan con demasiada frecuencia la memoria de nuestros héroes, cada 21 de julio constituye un deber ético y cívico reivindicar su gesta. No por nostalgia, sino por justicia. El sacrificio de quienes dieron su vida en Igueriben no debe contemplarse como una tragedia lejana, sino como un legado vivo de los valores castrenses, el compañerismo, el coraje, la disciplina y el compromiso con España.

A todos ellos, nuestra gratitud imperecedera. Su nombre, su valor y su ejemplo no caerán en el olvido. Hoy, más que nunca, es necesario que Igueriben permanezca viva en la memoria de una nación demasiado acostumbrada a olvidar a sus héroes.

Igueriben. Ferrer Dalmau (2021)

Juan Sergio Redondo Pacheco

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