La llegada de los españoles hizo que unos pueblos que vivían en una atmósfera de muerte y decadencia hallaran un nuevo comienzo en un grado superior de civilización.


La película de Mel Gibson Apocalypto está conociendo un amplio éxito en todo el mundo. Éxito no exento de polémica por la crudeza de sus escenas de sacrificios humanos y violencia, pero que tienen una sólida justificación: es que el mundo de la América pre-colombina era así. Toda esa violencia, en realidad, está al servicio de la frase que abre la película y de la escena que la cierra. La frase que la abre: “Ninguna civilización es conquistada desde fuera si antes no se ha deshecho desde dentro”. Y la escena que la cierra: los españoles llegan a América. Son cosas que aquí, precisamente por españoles, deberían hacernos pensar.

Más allá de reproches de detalle sobre tales o cuales anacronismos –después de todo, menores en una película–, el mensaje que nos deja Apocalypto es este: la llegada de los españoles hizo que unos pueblos que vivían en una atmósfera de muerte y decadencia hallaran un nuevo comienzo en un grado superior de civilización. Es algo que a los españoles debe enorgullecernos. Sin complejos. Ya es bastante triste que haya tenido que venir a decírnoslo un australiano, a falta de voces –y cámaras– nacionales para hacerlo.