Cómo acabar de una vez por todas con el Parlamento

07/02/2026

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20070120103557.jpg20-01-2007-Blog de Carlos Martínez Gorriarán

Hablo con Rosa Díez del boicoteo de los grupos parlamentarios al PP, esa deserción absoluta de sus obligaciones parlamentarias. Y me da una imagen gráfica de lo que está pasando: “se trata de extender la Mesa de Partidos a toda España.” En efecto: la sustitución de las instituciones parlamentarias constitucionales por una mesa clandestina donde representantes de la cúpula de los partidos pinchan y cortan a su antojo, sin las molestias de hacerse responsables, dar explicaciones y argumentar sus votos. Lo mismo que la Mesa de Partidos exigida por ETA y aceptada por los socialistas como instrumento clave del “proceso de paz”, ahora extendida a todo el territorio español y, para más sarcasmo, pactada en sede parlamentaria. Una mesa para hablar con ETA excluyendo al PP. Pues eso es, ni más ni menos, lo que se pretende perpetrar.

La cosa va mucho más allá del “cordón sanitario” que propugna la izquierda cómica de los Luppi y compañía: es todo el sistema el atacado, porque es el sistema democrático el que hace imposible un “proceso de paz” como el impulsado por Rodríguez Zapatero. Lo reafirma la sentencia del Supremo que declara a Jarrai o Segi organizaciones terroristas (actualizando el concepto del derecho como esa forma de “sentido común” más refinado y exigente). Normal que ETA reclamara en su último comunicado el vaciado del sistema parlamentario, cuya figura popular es el “aislamiento del PP”. A los destinatarios debería alarmarles el coleguismo con que la banda les trataba: “las fuerzas democráticas”, como ella misma.

No deja de sorprender la facilidad con que las fuerzas periodísticas se entregan al cultivo de la candidez. Ayer había, decían, dos grandes incógnitas sobre el “proceso”: una, si el partido de las Tierras de Mordor (EHAK) votaría una resolución parlamentaria vasca, promovida por el PP, condenando el atentado de Barajas; la otra, la razón de la visita “por sorpresa” de Ibarretxe a Zapatero.

En la cosa que responde por EHAK no merece la pena detenerse, y la visita de Ibarretxe no puede tener otra justificación que la de ofrecer a Zapatero otra vía de avance del “proceso de paz”, ahora partiendo de Ajuria-enea. En Sabin-etxea han suspirado de alivio. Los nacionalistas han sufrido mucho con la relativa marginación del “proceso” a la que parecían condenados. Conviene recordar que algunos socialistas vascos con mucho mando en plaza no ocultaban su ilusión por la metamorfósis de Batasuna en una ERC a la vasca, con la que podrían coaligarse para marginar al PNV. La ocurrencia de Ahotsak no era otra cosa un ensayo de esa posible entente alternativa, confiado a la Goirizelaia y a la Zabaleta: las chicas venden mejor eso de la ilusión.

Por suerte para el PNV, su mayor realismo y experiencia acerca de los tratos con ETA les condujo a percatarse muy pronto de que el “proceso” de Zapatero inspirado por Eguiguren sólo podía fracasar. Por tanto, Imaz se ha limitado a hacer suyo, con eficacia y aparente convicción, el mantra aquél de Zapatero que éste olvidó tan pronto: “primero la paz y luego la política”. Cada vez que Imaz, con su cara de buen padre y mejor hijo, repetía esa obviedad, su capital político aumentaba en la misma medida en que disminuía el del olvidadizo Zapatero. A Imaz no le costaba nada mantener una postura razonable y digna sabiendo, como sabía, que un edificio levantado sobre la necia pretensión de que Batasuna obligara a ETA a disolverse sólo podía acabar como ha acabado: explotando.

Entre tanto, y hablando de mantras, Ibarretxe seguía con los suyos milenarios. ¿Habrá ido a explicárselos de nuevo a Zapatero, que los rechazó con razonable contundencia en el aquel lejano debate parlamentario? Es casi imposible que no haya exhibido sus delirios de caudillo mesiánico, pero la misión principal de Ibarretxe me parece obvia: escenificar sin ambigüedad alguna que el tiempo del tandem solitario Eguiguren-Otegi ha terminado. Daba poco juego en las subidas, de modo que en lo sucesivo el diálogo será cosa de un pelotón de cabeza con Ibarretxe en el papel de Indurain. Lo que también permite pronosticar un resultado no menos contundente que el de la primera etapa.

¿Se arriesga el PNV a compartir fracaso con los socialistas? De ninguna manera. Es más, ya han conseguido que el candidato de Zapatero a lehendakari se llame Imaz, amortizando al sumiso Patxi López. El partido-guía de todos los vascos y vascas narcisistas se limita a reeditar su eterna estrategia: jugar a varias bandas con todos los jugadores a la vez, reventando las combinaciones que le excluyen e imponiendo las suyas. Hay un precedente que muchos partidarios del Gobierno deberían recordar: el Pacto de Lizarra.

Se olvida demasiado a menudo que el PNV estaba negociando con ETA la tregua anterior, en la que se comprometía a la exclusión política y social del PP y PSOE en el País Vasco, mientras mantenía un acuerdo parlamentario con el PP en Madrid, y mientras compartía gobierno de coalición con el PSE en la CAV. El PNV siempre ha tenido una percepción muy clara de sus intereses y prioridades, y no hay ninguna razón para pensar que haya cambiado. Más bien al contrario. Cuando fracase la segunda entrega del “proceso”, serán Zapatero y su partido quienes carguen con la culpa, pero el PNV aparecerá como el partido generoso que intentó mediar entre unos y otros bárbaros para conseguir diálogo y paz. Eso es todo. Y abrirá el camino a un sustituto de Ibarretxe que bien podría ser Imaz o cualquier otro de la “quinta de la química”. Al fin y al cabo, ¿no fue Imaz quien inició los contactos con Mikel Antza que llevaron al Pacto de Lizarra?

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