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De delirios, mitos y concentraciones

Desde DENAES queremos denunciar y remarcar, una vez más, cómo la corrupción ideológica y moral (lícita) es aun más peligrosa que la corrupción ilegal (que ya lo es de por sí)

Viernes 18 de noviembre de 2016, por DENAES

Como los lectores recordarán, el domingo pasado se produjo en la ciudad de Barcelona algo que a la fundación DENAES, y a todo español, preocupa. Como no puede ser de otra forma. Y es que el día 13 unos cientos de españoles en pleno delirio secesionista, apostados en la calle María Cristina de Barcelona, se concentraron, más que manifestaron, en defensa de los cargos electos y las instituciones catalanas. Esto no sería excesivamente extraordinario si no fuera porque dichos cargos e instituciones tienen más de 400 procedimientos judiciales abiertos, relacionados con el proceso secesionista y la suspensión de leyes. A su vez, 259 ayuntamientos catalanes también tienen causas judiciales abiertas relacionadas con el «plebiscito» del 9-N, el no izado de la bandera española, desobediencia judicial y pagar cuotas a la AMI.

Dicha concentración contó, como cabía esperar, con la participación de gentes conocidas, tales como Arturo Mas, Carmen Focadell, Gerardo Pisarello, Oriol Junqueras o Francisco Homs. Carlos Puigdemont no estuvo presente, pues fue a su pueblo natal (Amer (Gerona)) para ser nombrado hijo predilecto –aunque sí asistió en el lugar a la manifestación convocada por ANC «en defensa de las instituciones catalanas»–. Tampoco lo estuvo la alcaldesa Ada Colau. Pero sí estuvieron varios representantes de la ejecutiva catalana como la consejera de la Presidencia Nieves Munté, el titular de «Asuntos Exteriores», Raúl Romeva, la de Gobernación, Meritxell Borràs, el de Cultura, Santi Vila, la de Trabajo y Asuntos Sociales, Dolores Bassa, el de Empresa y Conocimiento, Jorge Baiget, o la de Agricultura, Meritxell Serret.

Toda esta parafernalia, acompañada en Hospitalet de Llobregat por una agresión física a Miguel García, portavoz de Cs en el ayuntamiento, contaba con unos lemas y declaraciones altamente preocupantes. Y es que la pequeña masa concentrada gritaba cosas tales como «fuera, fuera, fuera la justicia española» y «no tenemos miedo», mientras que Arturo Mas, sin un atisbo de vergüenza, declaraba que en su mandato él nunca desobedeció, sino que obedeció «al pueblo de Cataluña» y prometió dejarse la piel para que «este país pueda ir adelante ahora y en el futuro». Francisco Homs, personalizando la protesta, declaró que iba dirigida a Rajoy y a «aquella gente que considera que la democracia tiene que estar subordinada a la ley». Y es que éste político español considera que las leyes estatales «no siempre han sido democráticas» y que «la voz del pueblo de Cataluña no la van a callar». Irene Rigau, por su parte, clamó por el derecho a decidir y a la obediencia a aquello que salga de las urnas, mientras que la exvicepresidenta del Gobierno Juana Ortega y exdirigente de UDC ha remarcado que «dar la voz al pueblo no es un acto criminal, es un acto democrático». En resumen, y como rezaba el lema de la concentración –Por la democracia, defendamos nuestras instituciones–, para todos estos españoles, la «voluntad» de ese extraño ente llamado «pueblo catalán» y la «democracia», están por encima de cualquier ley o cualquier realidad histórica. Fiat democratia et pereat Hispania.

Desde DENAES queremos denunciar y remarcar, una vez más, cómo la corrupción ideológica y moral (lícita) es aun más peligrosa que la corrupción ilegal (que ya lo es de por sí). Ninguna ideología se sostiene sin la fuerza de un grupo detrás y las mismas están impregnadas en las instituciones gubernamentales. Así pues, que estas instituciones y sus representantes se conduzcan mediante metafísicos delirios como la voluntad popular y mitos históricos como el pueblo catalán, y que esto lleve al lavado de cerebros, a la generación de odios, despilfarro de fondos públicos, división social, llamadas a la desobediencia y la ruptura de la Nación, debería ser motivo de sobra para que esto sea atajado drásticamente e impedir que esos sediciosos subterfugios se amparen, excesivamente, en una ilimitada libertad de expresión. La libertad, sin límites, no es libertad. Todos los españoles, incluso los concentrados en Barcelona, nos jugamos mucho en esto.

Fundación para la Defensa de la Nación Española.