El esperpento es tal que ni siquiera está claro el nombre oficial de la Comunidad.


20060805094941.jpgXabier R. Blanco

05-08-2006-La Razón

La Coruña- En Madrid puede darse la paradoja de que un funcionario reciba documentación oficial de la Xunta de Galicia y de la Xunta de Galiza. ¿Es la misma Xunta?, se preguntará el desconcertado funcionario. «Depende», sería la respuesta a la gallega. Para el PSdeG, la principal pata en la que se apoya el bipartito, es «Galicia»; para el BNG, su socio de Gobierno, no hay discusión: es «Galiza». El debate no se queda ahí: para Emilio Pérez Touriño, el presidente, Galicia tiene que ser nación en el nuevo Estatuto, o incluso «nazón de Breogán»; para Anxo Quintana, el vicepresidente, debe ser, simplemente, «nazón».

El ciudadano de a pie, que es el que alimenta la lengua hablándola a diario, contempla desapasionado un debate estéril, mareado ante el baile de normativas. Hasta hace unos meses daba las gracias cuando le hacían un favor; ahora tiene que decir «grazas».

Este rebumbio lingüístico ha quedado perfectamente resumido en un programa satírico que emite los lunes la Televisión de Galicia. «Decidimos llamarle “Somos una Potenzia”, con zeta, en clave de humor», explica Carlos Blanco, director y presentador del programa.

Gallego con acento andaluz.

Lo que resulta evidente es que durante el primer año de mandato del bipartito -Pérez Touriño cumplió el pasado miércoles 365 días desde su toma de posesión como presidente- se ha producido una regalleguización de Galicia. «Se ha pasado del integrador concepto de bilingüismo armónico al actual de doble lengua por las evidentes contradicciones entre las dos almas de este Gobierno. Las mayores críticas de las actuaciones de la secretaría general de Política Lingüística son precisamente las del BNG, sus socios de Gobierno», opina Manuela López Besteiro, portavoz de Educación del Grupo Parlamentario Popular.

Pérez Touriño reconoce a micrófono cerrado que no se desenvuelve demasiado bien en la lengua de Rosalía, y cuando lo hace le sale un marcado acento andaluz. Sus «conselleiros» también suelen hablar en castellano cuando no hay prensa delante. Sin embargo, el PSdeG ha aceptado que el gallego se convierta en lengua oficial, como reza en el acuerdo de mínimos para el nuevo Estatuto que apalabró con los nacionalistas.

El partido que dirige Anxo Quintana no ha parado estos meses de presentar iniciativas de lo más variopintas para fomentar el uso de su lengua vernácula. No sólo vigilan y exigen que la página web de la Agencia Tributaria esté también traducida al gallego, como reclamó Francisco Rodríguez, su portavoz en el Congreso. El pasado mes Ánxela Bugallo, «conselleira» de Cultura y Deportes, presentó la propuesta «Pan con poesía» para que 627 despachos de pan repartan las barras en una bolsa que lleva escritos seis poemas de seis autores de la tierra como Rosalía de Castro, Ana Romaní, Celso Emilio Ferreiro, Avilés de Taramancos, Ramón Cabanillas, Otero Pedrayo y Uxío Novoneyra.

Todo vale en su programa de regalleguización. Desde el principal alimento de los vivos hasta el último adiós a los muertos. El diputado del Bloque Nacionalista Galego, Bieito Lobeira, reclamó que la Xunta impulse el gallego «en todos los actos, ceremonias y funciones vinculadas a la muerte». «Ni en la muerte se nos reconoce a los gallegos nuestros derechos lingüísticos. Ni vivos ni muertos nos respetan el derecho democrático a usar nuestra lengua», argumenta Lobeira.

Un estudio ha estimado que sólo el 0,1% de las lápidas que hay en la comunidad autónoma están redactadas en gallego y para solucionarlo, ocho ayuntamientos de Pontevedra tienen previsto subvencionar el uso del gallego en las lápidas con un cuarenta por ciento del coste.

Los «ayatolás» y la imposición.

Más ambiciosa es la puesta en marcha por parte de la Vicepresidencia de la Red Gallega de Escuelas Infantiles Galescolas, que garantizará a 14.089 niños de cero a tres años el acceso al primer ciclo de educación en gallego el próximo curso escolar. Pilar Rojo, portavoz popular del área de Bienestar, reclamó que «no pasemos ahora a las galuniversidades o a los galinstitutos».

A su compañera de partido, Manuela López Besteiro, le preocupa «un horizonte sectario que parece asomar en manifestaciones como el intento de que los exámenes de acceso a la Xunta se hagan exclusivamente en gallego».

Al gallego no parece preocuparle demasiado este debate. La mesura la puso Xosé Ramón Barreiro, presidente de la Real Academia Galega, el pasado 17 de mayo, Día das Letras: «En esto de la normalización de la lengua hay ayatolás que, más que por la convicción, pretenden que se hable gallego por imposición». Son palabras de la persona a la que más le preocupa el gallego.