El PP apoya por primera vez una reforma que llega de una comunidad gobernada por el PSOE.


20061004112759.jpg04-10-2006-La Razón

Madrid- No hay reforma estatutaria que entre en el Congreso de los Diputados sobre la que no planee la sombra del Estatuto catalán. La de Aragón, cuya admisión a trámite respaldó ayer la unanimidad del Parlamento, tampoco. Todos y cada uno de los ponentes que de las Cortes de Aragón presentaron ayer el texto ante el pleno resaltaron la lealtad del proyecto con España y la Constitución de 1978, en velada alusión a la propuesta catalana. Y todos subrayaron las mismas diferencias: la modificación del Estatuto aragonés no necesita de debates estériles sobre identidades, no tiene pretensiones centrífugas como la de «algunos vecinos» y señala la manera de «ser aragoneses a la vez que españoles».

Eso sí, la reforma estatutaria que ayer ocupó a sus señorías, la quinta que entra en la Cámara Baja en lo que va de Legislatura, busca situarse en pie de igualdad con otras comunidades para que nunca más los aragoneses, según palabras de su presidente, el socialista Marcelino Iglesias, «nos sintamos españoles de segunda». La conclusión unánime de la jornada fue, pues, que se pueden reconocer las peculiaridades propias de un territorio, admitir la diversidad lingüística, recoger un catálogo de derechos y deberes, fijar un modelo de financiación y buscar soluciones consorciadas para la gestión del agua sin necesidad de vulnerar la Constitución ni de recurrir a la España de las dos velocidades.

Consenso entre PSOE y PP

Tanta es la armonía y el acuerdo, que ésta es la única reforma estatutaria que llega de una comunidad gobernada por el PSOE que apoya el PP, una decisión que, en lugar de valorar el Gobierno, ha sido utilizada en contra de la oposición para poner en evidencia lo que la vicepresidenta primera llamó «discursos altisonantes». De la Vega utilizó ayer por la tarde su turno en la tribuna para afear la estrategia popular en política territorial y recordar al partido de Rajoy que pierde todo «atisbo de credibilidad» a medida que se van aprobando las modificaciones. No hay razón, a su juicio, para el «recelo y la desconfianza», porque «la España plural es la España de todos, es una realidad en la que la mayoría de los españoles se ve perfectamente reflejada, muy lejos de aquellos que siguen empeñados en seguir alimentando falsos debates». Intentó convencer de que existe una «demanda de autogobierno» de muchos pueblos de España. «¿Alguien duda acerca de la necesidad y conveniencia de las reformas? La mayoría de los ciudadanos lo demandan y ya 20 millones han querido modificar sus estatutos». La intervención del portavoz del PP, Ángel Pintado, se convirtió en un reproche continuo a los catalanes y a su Estatut: «La propuesta de reforma aragonesa no tiene pretensiones soberanistas, ni propicia una reforma encubierta de la Constitución, ni contiene preceptos con interpretaciones forzadas. Nuestro documento no va a fomentar la actual crisis política de primera magnitud a la que los delirios nacionalistas nos han conducido: Aragón es España y España es Aragón». Tampoco el PSOE salió ileso: «¿Cómo se entiende que el PSOE sepa en Aragón qué es España y en Cataluña lo ignore?». Al final, el proyecto no tuvo votos en contra. Sólo se abstuvieron la CHA, el BNG y ERC, en respuesta a la también abstención de la Chunta en la toma en consideración del texto catalán. Listo para su tramitación.