¿Existen los socialistas buenos?
21/05/2026
Claro que existen. Lo difícil es encontrarlos sin pasar antes por un congreso, un comité federal y una sesión de autoengaño con aplauso incluido.
El PSOE lleva décadas vendiendo una mercancía muy concreta y perfectamente embalada, la superioridad moral en envase institucional. El problema es que, cuando uno abre la caja, lo que se encuentra son los mismos productos de siempre. Los pocos artículos que incluye el paquete son el poder, el clientelismo y la amnesia selectiva. Sin contar algún que otro susto judicial. Por supuesto, detrás llegará un comunicado muy a la americana. Camisa blanca, corbata roja y mano en el pecho con un “esto no representa al partido” o “yo no lo conocía en lo personal”. Naturalmente, el delincuente nunca representa a nadie salvo a los que lo nombraron, sin olvidar a quienes lo taparon y lo dejaron crecer.
En el transcurso de la democracia el socialismo español ha perfeccionado una técnica admirable, hablar de justicia social mientras se reparten los privilegios. Para ello predican desde el monte la igualdad cayado en alto, mientras reparten favores y prebendas con la otra mano. Su gran habilidad es predicar la ejemplaridad con una naturalidad que solo se sostiene si uno confunde la vergüenza con la oratoria. Cada vez que aparece un caso incómodo, el partido activa su maquinaria del relato. Si hay imputación acudimos a la persecución de la extrema derecha, y si el escándalo es grande, se sube el volumen de la épica. El relato es lo trascendental y ellos son los “… amos” del relato.
Así han ido discurriendo los años de las siglas, dirigentes y directores de escena, siempre con el mismo decorado. El del socialismo impecable por fuera y podrido por dentro. Unos acabaron señalados por la justicia, y otros por esa costumbre tan española de confundir la lealtad con el silencio. En el PSOE se puede hacer carrera resistiendo casi todo, menos una cosa, decir en voz alta que el rey va desnudo.
Por eso la cuestión no es si hay socialistas buenos. La cuestión es donde están cuando el partido deja de ser una opción política y pasa a ser una coartada bien engrasada. Cuando la disciplina interna solo sirve para proteger a los mismos de siempre. Cuando el líder mesiánico se convierte en un problema para el país y el partido, en lugar de corregir, decide arrodillarse para seguir cómodamente sentado en el sillón.
Los socialistas buenos no son los que firman manifiestos con la nariz tapada, ni los que aplaudan a rabiar desde la bancada azul mientras todo se descompone. Los socialistas buenos serán los que rompan con la mugre, los que entiendan que un partido no se regenera maquillando la ignominia. Serán buenos el día que dejen de sostener a Pedro Sánchez y se atrevan a echarlo del gobierno.
Porque mientras el líder siga, la depravación seguirá siendo la ética reinante. Y mientras el relato siga, la corrupción no será una anomalía, solo será la cuta mensual a la “Cosa Nostra”. Solo cuando den la espalda a la corrupción sistémica y rompan con el capo, podremos decir que dentro del PSOE quedaba algo más que propaganda de corbata.
Así que sí, los socialistas buenos existen, pero se les reconocerán por algo muy concreto. Que no será por aplaudir más fuerte, sino por callar menos ante la putrefacción. No por defender al líder, sino por defenestrarlo para siempre. Y hasta que eso ocurra, el PSOE seguirá pareciendo menos un partido de Estado que una máquina de corrupción y autojustificación con moqueta.
Raúl Morales del Piñal de Castilla



