Como buen punto caliente del planeta el Estrecho de Gibraltar no para de aportar novedades, aunque a la mayoría de españoles no le importe, y una de ellas podría ser la construcción de un túnel subterráneo o un puente entre Gibraltar y Marruecos. Un túnel o puente, de unos 20 kilómetros, que en principio y desde hace muchos años es un proyecto español con Marruecos, pero del que Reino Unido quiere apropiarse, inteligentemente por su parte, como hizo con el Peñón de Gibraltar, dejando a España otro poquito más arrinconada y humillada si cabe. Una vez ratificado el tratado con la Unión Europea por el Bréxit, como ya tratamos en otro editorial anterior, ambos países podrían avanzar en un acuerdo para la construcción de dicho puente o túnel y afianzar sus relaciones gracias al Peñón.

Ya en 1979 España y Marruecos establecieron un comité conjunto para investigar la viabilidad de un proyecto como ese. En 1980, previo acuerdo con Hassan II, se fundó la Sociedad Española de Estudios para la Comunicación Fija a través del Estrecho de Gibraltar (SECEGSA, por sus siglas), que sería por entonces, antes de la fiebre privatizadora y desmanteladora del Estado, una empresa pública dependiente del ministerio de Fomento con el objetivo de conseguir una unión ferroviaria entre ambos países (y continentes), el llamado Proyecto de Enlace Fijo. Por su parte, para el proyecto Marruecos gestó su Sociedad Nacional de Estudios del Estrecho de Gibraltar (SNED). Para seguir avanzando, a finales de década se llegó a otro acuerdo por el que se realizarían reuniones cada 6 meses, pero desde 2010 no se ha producido ninguna más. Durante esos años, llenos de altibajos y cambios, estudios, proyectos, etc., se decidió que el mejor proyecto consistiría en dos túneles de 28 kilómetros a 300 metros de profundidad. Ambos túneles permitirían unir Punta Paloma (Tarifa) con Malabata (Tánger), suponiendo cada trayecto tan sólo unos 30 minutos. Tras el logro ingeniero de Francia y Reino Unido en el Canal de la Mancha, el proyecto hispano-marroquí tomó fuerza y se hizo una primera prueba que consistió en excavar 600 metros de galería subterránea en Cádiz y otros 200 de parte marroquí. Pero aun así faltó impulso y tras dos años todo se paralizó, las inundaciones y los problemas de mantenimiento ayudaron mucho a ello. Y hasta ahí.

Pues bien, una vez que se cierre diplomáticamente el Bréxit, tanto Reino Unido como Marruecos están muy interesados en un proyecto como ese –ya se habla de negociaciones al respecto desde la firma de acuerdos entre ambos países el 26 de octubre de 2019–. Todavía no está decidido si se trataría de un puente o de un túnel, pero en cualquier caso se trataría de unir Gibraltar con las zonas adyacentes a Ceuta –y eso porque Ceuta aún no está en manos marroquíes, porque es de suponer que si lo estuviera iría directamente a Ceuta–. Y es que si la Unión Europea en su tratado del Bréxit ratifica lo acordado por España y Reino Unido en la nochevieja del 2020, con un Gibraltar dentro del espacio Schengen y un Reino Unido fuera de él –situación muy provechosa–, una conexión directa entre Gibraltar y Marruecos sería del mayor interés (económico y político). De modo que ahora mismo el proyecto hispano-marroquí, que, quizá presionado por los movimientos ingleses, ha recibido un tímido impulso a principios de diciembre de 2020, cuando el actual presidente de SECEGSA fue de visita al campo de Tarifa, está en manos marroquíes. Ellos serán los que se decidan por España o por Reino Unido.

Y mientras se deciden los marroquíes el Reino Unido sigue avanzando en sus intereses, pues ambos países están estudiando la posibilidad de establecer rutas marítimas tanto de pasajeros, turistas, como de mercancías así como conexiones aéreas entre Gibraltar y Marruecos. Es más, ya existen organismos conjuntos entre el Peñón y nuestros vecinos del sur, como la Asociación de Negocios de Gibraltar y Marruecos (GMBA) o la Bolsa de Negocios de Gibraltar Marruecos (GMBE); organizaciones estas que, además de permitir relaciones comerciales bilaterales al margen del Bréxit, se han ofrecido ya para el asesoramiento o asistencia en estos proyectos. Pero no queda ahí la cosa. Ambos países han estrechado lazos también a nivel laboral al llegar a acuerdos en los cuales se establece la contratación en origen de mano de obra cualificada y la externalización de mano de obra, contratando a empresas de origen marroquí aprovechando que esta es menos costosa en el país musulmán. Así mismo, Gibraltar, que cuenta con gran experiencia fiscal y lúdica, podría trasladar empresas de inversión y sociedades exentas del pago de impuestos y pertenecientes al sector tecnológico para abrir rentables casinos y sociedades de juegos en Marruecos. Éste último, por su parte, ha ofrecido, como ya hizo en Ceuta y Melilla, a la comunidad judía gibraltareña –apenas el 2% de la población– ventajas fiscales para que estos desarrollen sus empresas en el norte de Marruecos. Por si fuera poco, entre ambos países también pretenden construir una línea eléctrica, pues Marruecos está interesado en proporcionar, por ahora, el 6% de la electricidad que Reino Unido necesite, que también ayudaría en los suministros de Gibraltar. Esto con el desarrollo tecnológico marroquí podría crecer, y para Reino Unido supondría no tener que utilizar la infraestructura de España y Francia como actualmente. A todo ello podemos unir acuerdos en materia de seguridad que incluyen ejercicios conjuntos entre las Fuerzas Armadas marroquíes y el regimiento británico que Reino Unido mantiene en Gibraltar, o la colaboración para el control del contrabando.

Si nos damos cuenta de la importancia de todo lo comentado nos daremos cuenta también de la importancia que para España puede tener llevar a cabo el proyecto subterráneo tantas décadas retrasando y así limitar, al menos, los avances de Reino Unido, y el auge marroquí de la mano de este, que tienen como consecuencia la marginación de España. Porque si bien es cierto que Marruecos puede ser y es nuestro mayor enemigo, también es cierto que puede llegar a ser nuestro mayor aliado en la zona. Por lo que sería políticamente prudente por nuestra parte que, ante el avance y modernización marroquí, España no quede a un lado en los posibles acuerdos comerciales, tecnológicos, empresariales, financieros y militares. España debe plantar cara a nuestros vecinos del Magreb en defensa de nuestros intereses y territorios, pero también es de interés que las conexiones y, por tanto, las relaciones se estrechen pudiendo con ello, quizá, rebajar ciertas tensiones e impedir que terceros nos adelanten por la derecha con proyectos propios y mejores.

Por ello desde DENAES instamos una vez más a nuestro Gobierno, al presente y sucesivos, a defender los intereses españoles, a desarrollar los acuerdos y proyectos necesarios y a tener suma atención y prudencia a todos los movimientos posibles en una zona geopolítica y geoeconómica tan importante como el Estrecho de Gibraltar.

 

Emmanuel Martínez Alcocer