«Reconocer al poder político como legítimo formador de las conciencias de los ciudadanos puede ser una afirmación peligrosa».


20061210101051.jpgJESÚS BASTANTE

10-12-2006-ABC

MADRID. El arzobispo de Pamplona, Fernando Sebastián, criticó ayer el manifiesto del PSOE con motivo del XXVIII aniversario de la Constitución al considerar que «confunde laicidad con laicismo», «desplaza el valor y el verdadero sentido de la Constitución» y ofrece «una visión empobrecida y desfigurada de la religión» que «no responde a la realidad y resulta objetivamente ofensiva».

En un escrito titulado «Lectura crítica del Manifiesto del PSOE», el prelado desmenuza el manifiesto, de cuya lectura concluye que «el Estado no reconoce la vida religiosa de los ciudadanos como un bien positivo», sino que la considera «una actividad peligrosa para la convivencia, que debe por ser ignorada, marginada y aun políticamente reprimida».

El de Sebastián es el primer análisis en firme del Episcopado ante un manifiesto que es entendido como «una respuesta» a la reciente Instrucción Pastoral. No obstante, «es probable» que el Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal, que se reúne el próximo jueves, aborde las «consecuencias» de este texto. También se espera que el presidente del episcopado, monseñor Blázquez, analice esta cuestión durante su intervención, el miércoles, en un acto en Madrid.

Para Sebastián, su principal error es considerar las convicciones morales de la sociedad como «fuente de intolerancia y de dificultades para la pacífica convivencia», por lo que «es preciso recluirlas a la vida privada y sustituirlas por un conjunto de valores sin referencia religiosa alguna, impuestos desde el poder político».

«En esta manera de razonar se oculta una visión empobrecida y desfigurada de la religión», añade el prelado, quien critica que el manifiesto afirme que «los fundamentalismos monoteístas y religiosos siembran fronteras entre los ciudadanos». «Los cristianos no podemos aceptar como justo el intento de recluir nuestras convicciones religiosas al ámbito de la vida privada, para imponernos como base y condición para la convivencia democrática unos valores y una interpretación de los textos constitucionales», indica Sebastián, para quien el texto «entiende el concepto de laicidad como un verdadero laicismo, que no se conforma con la neutralidad religiosa del Estado».

El protagonismo que el manifiesto otorga a los valores laicos «no solamente desplaza la influencia ética de las religiones, sino que se impone incluso sobre el sentido más obvio del texto constitucional», añade el arzobispo, que ve en su argumentación «una ideología laicista, previa al texto constitucional».

En cuanto a la asignatura Educación para la Ciudadanía, añade que «reconocer al poder político como legítimo formador de las conciencias de los ciudadanos puede ser una afirmación peligrosa», que se realiza «sin respetar los principios morales de los ciudadanos, ni siquiera el sentido evidente del texto constitucional».