La manifestación por la Paz discurrió entre críticas al PP y elogios al diálogo con ETA
10/04/2026

Pancartas contra la AVT y ataques a medios de comunicación.
J. Márquez
14-01-2007-La Razón
MADRID- Miles de personas -174.000 según la Delegación de Gobierno y 210.000 según la Comunidad de Madrid- abarrotaron ayer el centro de la capital para manifestarse «por la paz, la vida, la libertad y contra el terrorismo», el lema elegido finalmente por los organizadores de la marcha -UGT, CC OO y la Federación Nacional de Asociaciones de Ecuatorianos en España (Fenadee)- para mostrar su repulsa ante ETA y su solidaridad con Diego Armando Estacio y Carlos Alonso Palate, las dos víctimas mortales que se ha cobrado la sangrienta ruptura del «alto el fuego» de la banda. Al final no hubo sorpresas y ningún representante del PP ni de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) acudió a laconcentración que arrancó entre constantes alusiones a la paz y terminó con consignas y gritos contra con el partido que dirige Mariano Rajoy y contra medios de comunicación. Además, la concentración sirvió para respaldar el proceso de diálogo con ETA impulsado por el Gobierno de Zapatero.
La cita era a las seis de la tarde en la plaza de Colón, pero los preparativos y el trasiego de gente empezó ya una hora antes. Con un simple vistazo era fácil encontrar las diferencias entre esta marcha y las últimas convocadas en el mismo lugar por la AVT. Los que iban llegando sólo tenían que pasarse por los laterales de la Castellana para recoger uno de los miles de pequeños carteles que rezaban sobre fondo blanco «Por la paz, contra el terrorismo» -el lema original de la convocatoria-, cortesía de los organizadores.
También se veían muchas con la palabra «Paz» en grandes letras rojas. Ese mismo color era el protagonista de las banderas con la hoz y el martillo que, tras muchos meses «ausentes» de las calles, volvieron ayer a cobrar protagonismo junto con alguna de la República.
Sin embargo, los que no se atisbaban por ningún sitio eran los colores de la bandera española, tan habituales en los actos convocados por la principal asociación de víctimas. Tuvieron que ser los miles de ecuatorianos que acudieron a solidarizarse con sus compatriotas asesinados los que lucieron orgullosos su enseña nacional en banderines, carteles, bufandas y camisetas de su selección de fútbol. Otros muchos no dudaron en vestirse con los trajes típicos ecuatorianos para acercarse más a su tierra en este duro trance. Fue el caso de Manuel Medina y sus compañeros, todos miembros de la asociación «Inti Ñan» de Valencia, que madrugaron para llegar a la capital en autobús con el objetivo de «solidarizarnos con los familiares de las víctimas y rechazar la violencia y a ETA». Manuel, que lleva siete años en España, lamentó el «lío político» que se ha formado a cuenta de la convocatoria y apostó por «buscar el diálogo para conseguir la unión de todos».
Muy cerca de él, entre unos jóvenes vestidos con camisetas en las que se podían ver los rostros de Palate y Estacio, Rita Gortaire se erigía en portavoz de su gente para asegurar que, «como ecuatorianos, nos duele que no todos los españoles estén aquí. Nosotros no tenemos que ver con los políticos ni con ETA». Diego y Marisa, una pareja de madrileños que, cartel de «Paz» en mano, se paró a escuchar sus explicaciones, asentían. «Siempre hemos salido a manifestarnos por todas las víctimas, y éstas no son diferentes».
Según se acercaba la hora marcada para el comienzo de la manifestación, la multitud crecía y empujaba la cabecera -protegida por un cordón formado por miembros de CC OO y UGT- hacia la plaza de Cibeles. Entre las pancartas que recordaban que la paz «es tarea de todos» o criticaban la actuación de la clase política en general -«Políticos, así no»- empezaban a verse algunas de apoyo explícito al presidente del Gobierno -«ZPaz, sí en mi nombre», «Presidente Zapatero, estamos contigo», «Por las víctimas, contra el terror, con Zapatero» y otras que ponían la diana en el partido que lidera Mariano Rajoy, como «PP, traidores», «ETA prefiere al PP» o «Libertad si, PP no». Tampoco se salvó de las iras de los concentrados el presidente de la AVT, Francisco Alcaraz, al que un cartel acusaba de «vivir de las víctimas del terrorismo» y de estar «en la nómina del PP».
Mientras los organizadores daban los últimos retoques antes del pistoletazo de salida de la caminata en dirección a la puerta de Alcalá, las caras más conocidas del «No a la guerra»se reunían junto a la calle Almirante, en un lateral del paseo de Recoletos más descargado de público. Los actores Juan Diego Botto, José Coronado, Sancho Gracia, Eduardo Noriega, Calletana Guillén o Federico Luppi hacían tiempo hasta que la cabecera se pusiera en marcha, lo que ocurrió más o menos a la hora prevista.
Empezó entonces un lento camino animado por las consignas lanzadas a través de un megáfono por los organizadores -«Somos muchos», «Por la paz»-, aunque los concentrados reaccionaban más al unísono cuando el helicóptero de la cadena madrileña de televisión sobrevolaba la marcha. Los gritos de «Telemadrid, manipulación» se escucharon en varias ocasiones y arreciaron cuando una de sus periodistas trató de hacer un directo junto a la primera pancarta al llegar a Cibeles y tuvo un pequeño enfrentamiento con los integrantes del cordón de seguridad por obstaculizar la marcha. Y es que los voluntarios de UGT y CC OO sudaron tinta para conseguir que la cabecera recorriera el tramo más estrecho entre esa plaza y la puerta de Alcalá. Sosteniendo la pancarta, además de los líderes sindicales, estaba el premio Nobel de literatura José Saramago,que no perdió la oportunidad de criticar a los que «han despreciado» la concentración «por ambición de poder».
Con muchas dificultades, y entre gritos de «A los obispos, no les hemos visto» o «Nuestro alcalde, ¿donde está?» -en alusión a Ruiz-Gallardón-, consiguieron llegar al escenario instalado junto al monumento. Allí, la escritora Almudena Grandes y la ecuatoriana Lucía Rosero leyeron un manifiesto que evitó citar al PP y exigió a la banda terrorista que «abandone definitivamente la violencia». Los que aguantaron hasta el final corearon la lectura con gritos de «ETA no».




