El blanqueamiento del chavismo: Zapatero, Sánchez y la gran mentira moral

14/01/2026

Hay operaciones de maquillaje político que ofenden a la inteligencia. Y luego está el blanqueamiento sistemático del chavismo en Europa, una tarea en la que el socialismo español —con José Luis Rodríguez Zapatero como ejecutor principal y Pedro Sánchez como heredero y continuador— ha convertido a España en cabeza de puente del régimen venezolano en el continente. Una política exterior degradada hasta la complicidad, con el aplauso —o el silencio cómplice— de Bruselas y el papelón indecoroso de Josep Borrell.

No estamos ante un error de cálculo ni ante una diplomacia ingenua. Estamos ante una estrategia: lavar, normalizar, relativizar. Convertir a los cómplices en “mediadores”, a los encubridores en “hombres de paz”, y a quienes durante años cerraron los ojos a la represión en supuestos adalides de la democracia. Es indecente. Y es falso.

Zapatero, el embajador oficioso del régimen

Desde hace más de una década, Zapatero actúa como enlace fiable del chavismo en Europa. No como mediador neutral —nunca lo fue— sino como valedor político de un régimen que persigue, encarcela y expulsa a la disidencia. Cada intervención suya ha servido para ganar tiempo al poder en Caracas, dividir a la oposición y desactivar la presión internacional. Jamás exigió elecciones limpias con garantías reales; jamás denunció con contundencia la represión; jamás rompió con quienes convirtieron Venezuela en un narcoestado.

Que ahora se pretenda lavar su imagen como si fuera un árbitro imparcial es una burla. Zapatero debería ser investigado a fondo por su connivencia política y sus negocios opacos, no jaleado en los salones donde se decide la política europea.

El papelón de Borrell y la coartada europea

La política exterior europea hacia Venezuela ha oscilado entre la tibieza y la parodia. Y ahí, Borrell ha desempeñado un rol tristemente recordable: ambigüedad calculada, comunicados huecos y una incapacidad manifiesta para llamar dictadura a la dictadura. Mientras tanto, España —con gobiernos socialistas— marcaba el paso, ofreciendo cobertura política y legitimidad internacional a quienes no la merecen.

Raúl Morodo: el precedente que explica todo

Para entender la profundidad del problema hay que recordar el caso de Raúl Morodo, embajador en Caracas durante el mandato de Zapatero. Aquella etapa está salpicada por escándalos y por una relación promiscua con el poder bolivariano que hoy explica demasiadas cosas. Nada fue accidental: se construyó una red de intereses, influencias y silencios que ataron al PSOE al destino del régimen.

Sánchez, “mediador” sin credibilidad

Hoy Sánchez se ofrece como interlocutor con la oposición venezolana y con figuras del entorno del poder. ¿De verdad? El mismo Sánchez que nunca reconoció con claridad una victoria limpia de la oposición, el mismo que evitó gestos inequívocos de respaldo a quienes se juegan la libertad frente a la tiranía, pretende ahora aparecer como solución. No es creíble.

La sensación —cada vez más extendida— es otra: miedo. Miedo a que se destapen tejemanejes, financiaciones, favores cruzados. Miedo a que aflore si dinero procedente del petróleo venezolano lubricó voluntades, campañas o estructuras. Miedo a que se conozca hasta dónde llegó la complicidad.

¿Cuántas voluntades se compraron?

La pregunta incómoda —la que nadie quiere formular en voz alta— es obligada: ¿se compraron voluntades políticas en Europa con dinero del chavismo? ¿Se influyó, directa o indirectamente, en decisiones, votos y posicionamientos? Si hemos sabido de financiaciones externas que condicionan la política, ¿por qué descartar el dinero venezolano? España merece respuestas, no maniobras de distracción.

Catarsis pendiente

España necesita una catarsis democrática. Y el PSOE una investigación en profundidad sobre su relación con el chavismo. No para ajustar cuentas políticas, sino para restaurar la verdad y romper una cadena de complicidades que ha hecho un daño moral incalculable a nuestra proyección internacional.

No podemos permitir que quienes colaboraron con el régimen, quienes callaron ante la cárcel y el exilio, quienes blanquearon una tiranía durante años, reaparezcan ahora con traje de salvadores. No son la solución. Son parte del problema.

El socialismo español no puede seguir cambiando de disfraz sin rendir cuentas. El blanqueamiento del chavismo no pasará a la historia como mediación, sino como complicidad. Y cuanto antes se investigue, antes podremos empezar a cerrar una de las páginas más vergonzosas de nuestra política exterior.

Javier García Isac

Otras categorias

  • Patronato Ejecutivo

  • Patronato de Honor

  • Observatorio de la Nación

  • Nuestra España

  • Jornadas de educación

  • Fundación DENAES

  • Equipo DENAES

  • Editorial

  • DENAES en los medios

  • Consejo Asesor

  • Comunicados DENAES

  • Artículos

  • Amigos de la Nación

  • Agenda

  • Actualidad

Publicaciones relacionadas

  • 2025: El año en que se nos cayó la careta del régimen

    14/01/2026

  • La kakistocracia del Gobierno Pedro Sánchez del 2025

    14/01/2026

  • La Monarquía como principio, no como instrumento

    14/01/2026