Confluencia izquierda-separatismo catalán frente a España, a costa de Valencia
01/04/2026
(Jornadas DENAES: Literatura Valenciana y Tradición Española, 27 de marzo de 2026)
Para abordar la cuestión planteada en la primera Mesa de DENAES (en las Jorndas sobre Literatura Valenciana y Tradición Española), “Hegemonía cultural, izquierda y catalanismo. Políticas de identidad y literatura valenciana desde la transición. Vicent Andrés Estellés y Joan Fuster como paradigmas del catalanismo literario”, quisiera comenzar, con perdón, negando la mayor; o la menor, si quieren, pero en todo caso quiero hacer una aclaración que creo procedente: no creo que Vicent Andrés Estellés y Joan Fuster sean exactamente “paradigmas del catalanismo literario”; o mejor, no creo que sean “paradigmas literarios”; o al menos, que sean únicamente eso. Estoy convencido de que son “ideólogos políticos”, y creo que son “artífices paradigmáticos”, eso sí, de la instrumentalización de lo literario como arma política. En su caso, del catalanismo, sí, pero no sólo cultural sino utilizando la cultura en su propio interés ideológico.
Además, es claro que un artífice no es un creador, ni un contador de la realidad, ni un historiador, sino un arquitecto de su propia construcción, a su gusto, a su imagen y semejanza, podríamos decir.
Ambos (uno quizás abiertamente más político, como Fuster, y otro más “tapado” en la poesía, como Estellés), se sitúan en el mismo marco socio-político-cultural: la unidad de la lengua, entendiendo que el valenciano es catalán; y como consecuencia directa (simplemente con esto, con la lengua), la identificación de la cultura (y por tanto la tradición, las costumbres, los símbolos, la ubicación sociopolítica) entre Cataluña y Valencia, sin diferenciación alguna. Y que acaba siendo, como no, la identidad catalana la que se impone, frente a la identidad y la singularidad valenciana.
Y para esa idea de unificación catalana, ambos expulsan de la ecuación todo aquello que huela a valenciano, por su confluencia, por su íntima conexión con la nación española: una lengua común a todos los españoles, unas costumbres arraigadas en toda la península, el conocimiento por igual de ambas lenguas, el español y el valenciano, la unidad nacional pluricentenaria, etc. De ahí que el planteamiento de ambos, por disgregador, por sectario, por falsamente identitario, haya tenido y siga teniendo un rechazo frontal por gran parte de la sociedad valenciana que no está condicionada por el pensamiento impuesto por las élites catalanas y la izquierda separatista.
Esto se advierte en el día a día cultural, impulsado durante décadas por la izquierda, por el poder político y económico separatista catalán, y por los políticos valencianos “validos” del separatismo y aquellos a los que han estado siempre dispuestos a vender a los valencianos por un simple plato de lentejas. Así ocurrió con el PP, que aceptó, colaboró y fomentó esta idea de una lengua común con Cataluña, y una invasión cultural en Valencia, para conseguir un gobierno. Hoy, el mayor Caballo de Troya dentro de casa, que pretende disolver con ácido sulfúrico nuestra diferencia, nuestra identidad, nuestra singularidad, es la Academia Valenciana de la Lengua, que fue blindada por el Partido Popular en el poder, de lo que incluso se burla continuamente la izquierda.
Esto ha llegado a tal punto que, si uno busca en Google, o incluso le pregunta a la inteligencia artificial que, al fin y al cabo, bebe de datos suministrados vía web, redes, etc., se nos habla de un “Reino de Cataluña” que nunca existió, olvidando el Reino de Valencia que aún subsiste (y su titular es el Rey de España), o el Reino de Mallorca. Al final, desde la lengua, se ha llegado a construir una falsedad histórica, y a inventarse una falsa realidad política.
A esto juega la izquierda, ante la falta de discurso, desde la lucha de clases, un argumento que ya no pueden estirar más. Y esta desesperación por construir un falso imperio, una gran nación dentro de España con ansias de separarse e incluso enfrentarse a España, podría tener que ver, y mucho, con ideas supremacistas que, por otra parte, no son patrimonio de la izquierda, pero sí han hecho confluir a un nacionalismo exacerbado, con una izquierda radical en el mundo contemporáneo: sin ir más lejos, ahí tenemos como botón de muestra al PNV o Junts, por una parte, y a la ETA o Terra Lliure y sus afluentes, por la otra.
Pero esa unión izquierda-nacionalismo, con lo que sí tiene que ver, a mi juicio, es con una clara intención de romper España, su historia, su prestigio, su unidad, y su estabilidad interna y mundial. En definitiva, se trata de hacer añicos la unidad en la diversidad, la unión de muchos con sus características propias y comunes, para recoger los pedazos y pegarlos al antojo de los nuevos oligarcas: una minoría que pretende manejar pensamientos, conciencias, y modos de comportarse; y que quiere ciudadanos no pensantes, débiles, cultural -social y económicamente-, para poder ser fácilmente controlables.
Si a un español le quitas su identidad, lo estás debilitando; si además le quitas ser valenciano -a los que lo somos-, lo estás dejando sin raíz, sin su razón de ser y sin su propio ser. En lo económico, esa ha sido la idea de la izquierda: altos impuestos, paguitas mínimas, y seres sin proyecto, sin futuro, sin sueños, sin esfuerzo, y que se contenten con las migajas. Una igualdad indigna, que somete al ser humano a miembro de un rebaño; una igualdad por abajo y sin posibilidades de prosperar.
Por eso Fuster es un referente: porque no plantea ningún debate sino que su “pseudointelectualidad” le lleva a evitarlo, dando por ley lo que son sus propias pretensiones ideológicas. La conversión de su criterio en cánon.
Y por eso lo es también Andrés Estellés, cuya obra (para muchos de muy bajo y grosero nivel), se ha convertido en un referente ideológico, por encima de su supuesto valor literario. Si no fuera así, ¿por qué la izquierda se empeña en defender tanto a unos autores -como Fuster o Estellés- despreciando a otros? ¿Es de verdad porque son un referente valenciano, o es porque son referentes antiespañoles, y anti el valenciano no separatista? ¿Por qué la izquierda de hoy se ha olvidado COMPLETAMENTE de Blasco Ibáñez, valenciano y de izquierdas? ¿Será porque hay un interés político y para nada cultural?
Fíjense lo que ha ocurrido desde que VOX ha llegado a la política:
Cuando VOX era un partido extraparlamentario o muy minoritario, si defendíamos la singularidad valenciana dentro del proyecto pluricentenario español, y distinta a Cataluña -empezando por la lengua, que se ha utilizado como arma política desde la transición-, se nos decía que ese era un debate cerrado, que ya todo el mundo se había puesto de acuerdo, que no había nada que discutir, y que no teníamos ni idea.
Después, cuando VOX ha adquirido relevancia y peso en la Comunidad Valenciana, y nos negamos a admitir “debates cerrados” (en todo caso, cerrados en falso), han cambiado de actitud. Ahora, la izquierda dice que la lengua valenciana que defendemos -distinta al catalán-, es un “valencià de poble”, mal escrito y mal hablado, de barra de bar, o de partida de truc. Fíjense: por una parte, la chulería de los supremacistas, y por otra, cómo cambian su estrategia. Ahora quieren crear en la conciencia colectiva, que sí que hay un valenciano distinto al “normativo, canónico” -igual al catalán-, pero que sólo es para “la clase baja” o inculta, no para los científicos, para los expertos. Como no han podido frenar nuestra fuerza, quieren desdibujar el verdadero valenciano.
No se acuerdan que en 1918 se abrió en la Universidad de Valencia la Cátedra de Filología Valenciana, encabezada por el Pare Fullana; ni tampoco que tenía un asiento en la Real Academia Española por la lengua valenciana. Pues este señor, Franciscano, historiador solvente y un referente indiscutible de la filología valenciana, estableció un valenciano académico. Fue el puntal del renacimiento valencianista, y sus enseñanzas sobre la lengua valenciana formaron escuela, colaborando con ilustres pensadores como Menéndez Pidal, José María Pemán y Gregorio Marañón. Gran erudito en lenguas románicas, tiene una extensa obra, donde abundan las gramáticas, los vocabularios, los estudios etimológicos, ortográficos y morfológicos, e incluso históricos y genealógicos. Para la izquierda, debía ser un tonto a las cuatro, un “charraor” callejero. O Joanot Martorell, con su Tirant Lo BLanch, calificada como la primera obra moderna escrita en Europa, escrita en valenciano, que se enmarca en el Siglo de Oro Valenciano del S. XV, en el que Valencia era el centro comercial y cultural del Mediterráneo, impulsado por la seda y el comercio, convirtiéndose en el motor de la Corona de Aragón. Cervantes definió el Tirant Lo Blanch como «el mejor libro del mundo».
Pero debía ser también un necio, un inculto, un hablante coloquial. Y lo mismo Isabel de Villena, con su Vita Christi (reconocida como la primera escritora en valenciano), Ausias March, poeta valenciano del amor, o Jaume Roig que escribió Espill, una de las grandes obras de la literatura valenciana medieval. Y los escritores valencianos contemporáneos: Anfós Ramón, Aliaga, Lahuerta, Badía, Voro López, Gómez Bayarri, Oscar Rueda, Amparo Cabanes, Ramón Calatayud. Sin embargo, todos son cancelados por el cánon imperante, por la ideología cultural que ostenta el poder.
Porque esto es lo que ocultan, la cultura valenciana; esto es lo que nos han intentado arrebatar, nuestra lengua valenciana; y esto es a lo que muchos no estamos dispuestos. Y creo que es nuestra misión pregonarlo con luz y taquígrafos y, como tenemos claro en VOX, sin miedo a nada ni a nadie.
José María Llanos




