1936: cuando el Frente Popular empujó a España al abismo. 90 años del inicio del terror socialista
30/01/2026
En febrero de 1936, España cruzó un punto de no retorno. No fue una deriva accidental ni un estallido espontáneo: fue la consecuencia directa de la llegada al poder del Frente Popular, con el Partido Socialista Obrero Español
como partido hegemónico y motor ideológico. A partir de esas elecciones —fraudulentas, manipuladas en circunscripciones decisivas— se desató un clima revolucionario que convirtió la vida pública en una antesala de guerra. Hace 90 años comenzó el terror rojo en España, y conviene recordarlo sin maquillajes ni excusas.
Unas elecciones que abrieron la caja de Pandora
El relato oficial insiste en la “legitimidad democrática”. Pero los hechos —denuncias, anulaciones, presiones sobre juntas, violencia en las calles— muestran un proceso viciado que otorgó al Frente Popular una coartada para asaltar el poder. Desde el mismo día posterior a las elecciones, se desató la impunidad: ocupaciones, incendios, agresiones, depuraciones y asesinatos políticos. El mensaje era inequívoco: la ley ya no protegía a todos.
El PSOE no actuó como un partido institucional; actuó como vanguardia revolucionaria. Sus dirigentes hablaban abiertamente de que la democracia era un instrumento transitorio, no un marco a respetar. Cuando la izquierda convierte la política en guerra social, la violencia deja de ser excepción y pasa a ser método.
El terror antes del 18 de julio
Que nadie tergiverse la cronología: el terror comenzó antes del 18 de julio. Antes hubo quema de iglesias, asaltos a sedes políticas, persecución religiosa, milicias armadas toleradas, huelgas insurreccionales y asesinatos selectivos. Todo ello amparado por un poder que miraba a otro lado o justificaba el caos como “respuesta popular”.
España no “derivó” a la guerra: fue empujada. Y quien empuja es responsable del precipicio.
La memoria que el PSOE no quiere
Si el pasado año el PSOE pretendió monopolizar la memoria con el 50º aniversario de la muerte de Franco, 2026 exige una memoria completa: 90 años del inicio del terror socialista. Porque la historia no empieza cuando conviene ni termina donde molesta. La verdadera memoria histórica es la que recuerda a todas las víctimas, también —y especialmente— a las silenciadas por el relato hegemónico.
El PSOE actual gobierna sin haber pedido perdón por aquel pasado. Nunca asumió responsabilidades por su papel en 1934 ni en 1936. Pretendimos creer que un partido con ese historial podía transformarse por decreto y cosmética. Fuimos ingenuos. La continuidad moral —cuando no la reivindicación— está ahí: sectarismo, exclusión del adversario, manipulación del pasado.
De la lección histórica a la advertencia presente
Recordar 1936 no es nostalgia ni revancha; es profilaxis cívica. Los pueblos que olvidan repiten. Cuando un partido concibe al discrepante como enemigo, la convivencia se rompe. Cuando la ley se aplica con sesgo, la paz social se evapora. Ayer y hoy, la democracia se vacía cuando se usa para legitimar la demolición del orden común.
No se trata de consignas; se trata de hechos. O impera la ley para todos, o manda la fuerza de unos. Esa fue la encrucijada de 1936. Y esa es la advertencia de su aniversario.
Hace 90 años, el Frente Popular —con el PSOE al frente— aceleró el clima revolucionario y empujó a España al abismo. Negarlo es falsear la historia; olvidarlo es invitar a repetirla. La memoria que incomoda es la que importa. Y esta fecha nos obliga a decirlo alto y claro:
1936 no fue un accidente. Fue una estrategia.
Y el terror socialista tuvo nombre, método y responsables.
Que nadie la borre. Que nadie la excuse. Que nunca se repita.
Javier García Isac




