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Obligaciones desiguales entre aliados

Desde la Fundación Denaes, queremos señalar que nadie ha explicado la razón por la que un Estado soberano, como es España, ha de sufrir la humillación de seguir los dictados de una alianza militar que se niega a defender una parte tan significativa en términos históricos de su territorio nacional

Lunes 14 de noviembre de 2016, por DENAES

La recientemente frustrada visita al puerto de Ceuta de una flotilla rusa de paso hacia el Mediterráneo oriental, que incluía a su portaaviones Kuznetsov, ha puesto sobre la mesa un asunto importante para nuestra política exterior por afectar a una cuestión de evidente relevancia para España como nación política; esto es, la clara determinación de cuál es el territorio sobre el que se asienta la soberanía de nuestra nación y las necesarias previsiones para la defensa del mismo.

La relevancia del suceso estriba en que ante una solicitud de las autoridades rusas para un atraque de paso de dicha flotilla para su aprovisionamiento -cosa que, por otra parte, realizan con frecuencia buques de guerra rusos en dicho puerto- la respuesta no provino de las autoridades competentes en el puerto de Ceuta, que evidentemente son las españolas, sino de la “recomendación” ineludible para estas de un rechazo por parte de las estructuras de la OTAN (con el destacado protagonismo de su Secretario General Jens Stoltenberg), alianza militar en la que está integrado nuestro país desde 1982.

Fundación para la Defensa de la Nación Española

Sabido es que, al contrario de lo ocurrido en 1949 con los por entonces departamentos de Argelia cuando Francia se integró en la OTAN, la integración española en 1982 se realizó con la exclusión expresa, a los efectos de los artículos 5 y 6 del Tratado de Washington, de la protección de Ceuta y Melilla, así como de las islas Chafarinas, Alhucemas y el Peñón de Vélez de la Gomera. Lo más curioso es que la evolución posterior de dicho Tratado fundacional, como es el caso del nuevo Concepto Estratégico de la OTAN, aprobado en Lisboa, el 20 de noviembre 2010, dejan bien claro que ya no se trata sólo de un escenario de guerra limitado al sector Norte del Océano Atlántico, sino que se extiende a todo el planeta, como ya se han dado reiteradas pruebas. Pues bien, aún así, Ceuta y Melilla siguen excluidas de la defensa común. ¿Cómo es ello posible a estas alturas?

A partir del reinado de Carlos I (V como Emperador), Ceuta, junto con las otras plazas de Melilla (desde 1497), Orán y Trípoli, así como las islas de Malta y Gozzo, formó parte de un sistema de control, represión y contención de la actividad de la piratería y de la expansión –musulmana, recuérdese- del Imperio Turco en el mar Mediterráneo. Tal sistema era un proyecto español y, naturalmente, liderado por España al formar parte nuclear de su estrategia imperial, ligada a la lucha con los islamistas y en defensa de la cristiandad, liderazgo que se evidenció en Lepanto. A este respecto, conviene recordar que Francia no formaba parte de la coalición vencedora en dicho acontecimiento, ya que era aliada del Imperio Otomano con el claro objeto de debilitar la posición española.

Entendemos que para los recién descubiertos intereses coloniales de carácter mercantil de Francia y Gran Bretaña en el continente africano (en la década de 1830) resulte despreciable el interés español por unas ciudades que, como es el caso de Ceuta y Melilla, no son enclaves comerciales de explotación del territorio adyacente. Pero lo anteriormente dicho indica que no se trata de una cuestión baladí desde el punto de vista de la nación histórica española.

Desde la Fundación Denaes queremos señalar que nadie ha explicado (y lo que es más lamentable, nadie ha discutido) la razón por la que un Estado soberano, como es España, ha de sufrir la humillación de seguir los dictados de una alianza militar que se niega a defender una parte tan significativa en términos históricos de su territorio nacional a la vez que le obliga a realizar un gesto inamistoso con un tercer país con el que aparentemente no tiene ningún contencioso pendiente.

La guinda del pastel es que, además de todo lo dicho, en una alianza que nos trata de esa manera somos socios de un país que retiene de forma manifiestamente ilegal y reiteradamente abusiva otra parte tan significativa de nuestro territorio como es Gibraltar. Conviene recordar que la Gran Bretaña puso como condición para la entrada de España en la OTAN que se abriese la comunicación con tierra por el istmo (cosa que venía expresamente prohibida por el Tratado de Utrech), condición que se apresuró a cumplir el Gobierno de Felipe González.